ACTUALIDAD.- Festival VivAmérica 2008

Ya está todo preparado para celebrar del 6 al 12 de octubre de 2008 una nueva edición del Festival VivAmérica, cuyas actividades tendrán lugar de forma simultánea durante esa semana en Bogotá (Colombia) y Madrid y Santa Cruz de Tenerife (España). Destacadas personalidades, procedentes de veintidós países iberoamericanos, tomarán parte en las actividades culturales, sociales y festivas.

Según los promotores, el acto más importante tendrá lugar el día 12 de octubre, a partir de las 17.00 horas, en la glorieta de Carlos V (Atocha) de Madrid, cuando comenzará un espectáculo festivo, denominado "La Marcha", por las principales calles del centro de la capital española. En ese momento, y en sus respectivas horas locales, se desarrollarán festejos similares en las otras dos ciudades organizadoras. La programación se puede consultar en la página www.vivamerica.com (Foto: Gustavo San Miguel).

DICHO POR... Pierre Vilar

"El Descubrimiento de América es la mayor aportación de España a la humanidad".

P.V. (1906-2003). Historiador francés.

OPINIÓN.- "Al carajo, yankis de mierda"

(Artículo de opinión de Fernando Jáuregui, editor y director del periódico digital Diariocrítico.com)

"A veces resulta difícil creer hasta dónde llega el desprecio de algunos líderes políticos por los usos y normas internacionales, incluyendo esas leyes no escritas que se refieren a la buena educación. Ahora lo digo, claro está, por ese Hugo Chávez que se permite clamar aquello de "al carajo, yanquis de mierda", mientras expulsa de Caracas al embajador norteamericano, en solidaridad con su compañero, el mandatario boliviano Evo Morales, que hizo lo propio.

Como español que ama Latinoamérica, confieso que estoy preocupado por lo que pueda pasar. He pasado parte de mis vacaciones veraniegas en Bolivia y en Ecuador, y he podido comprobar hasta dónde llega la división social, en buena parte –que no en todo—propiciada por la acción de unos gobernantes que actúan de manera ciertamente sectaria. Dentro de unos días viajaré a Venezuela, otro país hermano en el que veo perspectivas no demasiado tranquilizadoras.

Los "yanquis de mierda" a los que el jefe del Estado venezolano se permite el lujo de mandar al carajo son los poderosos vecinos del norte, un país en el que el propio Chávez y su régimen tienen no pocos intereses: ¿hasta dónde, hasta cuándo, se le podrá perdonar al bolivariano ejercer el poder –legítimamente, desde luego— sobre un país que es un puro barril de petróleo? ¿Hasta qué punto se puede jugar con unos Estados Unidos que, es cierto, ahora están distraídos con su propio proceso electoral, pero que, gane quien gane, tendrán que restablecer el orden con los Estados más incómodos al sur de Río Grande?

América Latina tiene, puede tener, un espléndido futuro. Ahí está Felipe Calderón augurando que México será una de las diez naciones más poderosas del mundo dentro de una década, y ha sido una profecía que no ha extrañado demasiado a nadie. También, por ejemplo, Colombia, Argentina, Venezuela –y, por descontado, Brasil— son capaces de llegar en no mucho tiempo a estar en el pelotón de cabeza. Pero no será sin una dirección clara, dejando atrás las contradicciones, abogando por una mayor justicia social y por una mejor estabilidad política.

Y, desde luego, por una seguridad jurídica mucho más firme que la que actualmente impera en algunos de los países citados, y en otros más pequeños.Y, desde luego, la senda de la prosperidad no pasa por reformas constitucionales arbitrarias, por desplantes a los inversores –de eso, los españoles saben bastante—ni, menos aún, por mandar al carajo a los ‘yanquis’, mientras se difunden, desde el palacio presidencial caraqueño, rumores –puede que no del todo falsos, pero sí falsos en parte—acerca de presuntos intentos de golpes de Estado. Chávez, se ha dicho muchas veces, manda en un país demasiado importante como para ser el histrión del mundo. Y agárrense, que se acercan la Asamblea de las Naciones Unidas, ante la que Hugo Chávez suele deleitarse en montar su ‘numerito antinorteamericano’, y la ‘cumbre’ iberoamericana, en cuya última edición el mandatario venezolano acaparó un protagonismo, creo que muy poco deseable, en su polémica con el Rey Juan Carlos.

Respeto a Chávez como gobernante instalado –ahora—por el poder de las urnas. Entiendo su populismo, que sin duda le conecta con un sector mayoritario de su pueblo. Pero no entiendo todo lo demás; especialmente, que coloque a Venezuela permanentemente en la cuerda floja. Porque meter permanentemente el dedo en el ojo del gran imperio casi nunca sale gratis".

ACTUALIDAD.- ¿Es posible otro mundo?

En los últimos años han surgido en diversos países colectivos que reclaman a las autoridades medidas más eficaces con el fin de hacer "un mundo mejor". Hoy traemos a este post una imagen y un audiovisual que nos obligan a realizar la siguiente reflexión: Con estos políticos, ¿es posible un mundo mejor?... Cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones... (en la supuesta imagen, Sarah Palin, candidata a la Vicepresidencia de EEUU por los republicanos; en el vídeo, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez).

video

PD: A veces es difícil precisar si los políticos son así por generación espontánea o son fiel reflejo de su pueblo. La supuesta imagen de la candidata republicana tiene su propia historia. Un periodista de EEUU creyó que había conseguido una exclusiva y rápidamente la puso en circulación a través de una agencia de noticias internacional. Como es lógico, la foto fue distribuida por todos los países. Al final se supo que ese cuerpo no corresponde al de la política norteamericana, que sí es muy aficionada a los rifles, sino a una chica cuya imagen había sido 'colgada' en el portal Flickr... Sin duda, alguien está loco en este mundo...

De viaje por... Colombia

Esta es la carta que el uruguayo Enrique Barragán ha publicado en un periódico colombiano en relación con la mala fama que tiene a veces Colombia, un país que, quienes lo conocen, destacan de él la hospitalidad de su gente y sus múltiples atractivos turísticos. Sin embargo, en los últimos años este país tiene un problema serio en materia de seguridad ciudadana. El relato de este amigo sirve para desenmascarar dudas y precisar conceptos que muchas veces nos retraen de visitar sus ciudades.

CARTA

"Soy uruguayo, asiduo lector de vuestro diario y les estoy escribiendo porque en días pasados leí en la edición digital una nota sobre la experiencia que habían vivido 2 ingleses al conocer Bogotá y el miedo que tenían antes de hacerlo por la fama de la ciudad y del temor que les originaría caminar las calles bogotanas. Lamentablemente la imagen de Colombia en el exterior no es buena debido a sus problemas internos ya conocidos y a que fundamentalmente, como pasa generalmente, las noticias que se reciben son precisamente las malas causando en la persona que no está verdaderamente interiorizada una especie de pánico si le hablan de tener que visitar vuestro país.

Claro que la ignorancia y los prejuicios juegan un papel muy importante en estas cuestiones que hace que este tipo de personas piense que se va a bajar del avión y al pisar tierra colombiana les va a explotar una bomba encima o automáticamente los van a asaltar o matar.

Yo, gracias a la amistad que tengo con unas amigas colombianas que conocí en una excursión por Europa en 1986, tengo por Colombia un aprecio muy grande y un cariño muy especial. Fui por primera vez a Bogotá en 1989, año no precisamente calmo ya que en esa época el enfrentamiento era muy grande llevando la disputa a ciudades como la capital del país en hechos que, inclusive, derivaron en acontecimientos como la explosión del edificio del DAS o la muerte de Luis Carlos Galán, entre otros ejemplos que destaco para ubicar en el tiempo la situación que, en ese entonces, se vivía.

Era "sumamente riesgoso" viajar a Colombia en esa época, tal la imagen que se tenía por entonces y que no ha variado mayormente a pesar del esfuerzo de vuestro pueblo en lograrlo. No obstante ello allá fui y fui recibido por mis amigos colombianos de la mejor manera posible y como esperaba, con el corazón abierto, propio de los habitantes de ese país. Disfruté de Bogotá de la mejor manera que uno puede hacerlo, de la mano de gente que, además de hacerme conocer la ciudad profundamente, me enseñó, sin proponérselo, a querer más vuestra tierra.

Después de tanto tiempo, volví hace pocos meses, en junio. Además de reencontrarme con mi gente querida, me encontré con una Bogotá muy cambiada. Absolutamente mucho más limpia, con un tránsito que era caótico en aquel entonces y que ha mejorado ostensiblemente, con un emprendimiento como Transmilenio que es ejemplo para América Latina..., con una ciudad moderna, con emprendimientos como los de "Bogotá Despierta o Bogotá Trasnochadora"muy originales..., con gran variedad de centros comerciales e hipermercados (la Hacienda Santa Bárbara es únical en sus características),...con lugares como Usaquén, al que es obligatorio visitar para un turista que se precie de tal... con parques nuevos, prolijos y en donde la conjunción de espacios verdes con los materiales están bien cuidados..., con el querido Monserrate tan esplendoroso como siempre pero con una infraestructura más acorde a la belleza de ese lugar...con una Carrera Séptima en todo su esplendor y con todas las características propias de una gran avenida de una gran ciudad con su movimiento fermental, sus colores, sus formas, sus peculiaridades, su ordenado desorden, sus artesanías...

Me encontré con esa Bogotá pero también me encontré con una ciudad donde la seguridad no era necesario tenerla en cuenta ni había que reclamarla, me encontré con una ciudad donde no había que andar preocupándose por si lo asaltaban o mataban...me encontré una ciudad para ser andada tranquilamente y sin sobresaltos o cuidados más alá de los normales y propios de cualquier gran metrópolis.

Y se los comenta una persona que por su fisonomía de evidente extranjero (rubio y blanco) podía llamar la atención y que se movilizaba en busetas o buses como cualquier ciudadano común y corriente. Les quería comentar mi sentimiento con respecto a estas situaciones prejuiciosas que sé que los extranjeros perciben de Colombia, que le hacen daño al país y que no se ajustan a la verdad. Por supuesto que no todo es perfecto y que hay zonas peligrosas o lugares menos aconsejables que otros para recorrer, pero no generalizemos diciendo o pensando que es todo un desastre permitiendo que todo un país pague por unos pocos.

'Colombia llora pero no se rinde', así dice una placa que compré en Usaquén. Sigue dependiendo de los colombianos, de su enorme dignidad, engrandecer cada vez más su país. 'Nada podemos esperar sino de nosotros mismos'... así decía nuestro máximo héroe José Gervasio Artigas... y eso es lo que yo les digo como uruguayo y si, me lo permiten, como colombiano. Un abrazo fraterno. Enrique Barragán. Punta del Este, Uruguay".

CRÍTICA LITERARIA.- Católicos y puritanos en la colonización de América


(Artículo de Rosa María Martínez de Codes, catedrática de Historia de América de la Universidad Complutense de Madrid. Ilustración: 'Vista caribeña', óleo sobre lienzo, de María Dolores Lledó).

"Este libro intenta situar el Atlántico hispano en el corazón de la historia colonial norteamericana", esta simple frase sintetiza de forma precisa la idea motora que sostiene Jorge Cañizares-Esguerra en su libro 'Católicos y puritanos en la colonización de América'.

Son varios los trabajos de este autor que tratan de romper con la supremacía que ha ocupado la nación dentro de la historiografía sobre el mundo atlántico, transformando la América colonial hispánica en modelo normativo. Buen conocedor del legado del Bolton, Cañizares-Esquerra cuestiona los logros de la nueva historigrafía atlántica y, en particular, la visión excesivamente "británica" de lo que es el Atlántico por parte de los historiadores del periodo colonial de los Estados Unidos. Parece ser cierto que todavía en las universidades norteamericanas, al igual que en la sociedad estadounidense, el mundo hispánico sigue siendo un "otro" entendido como no occidental, porque, entre otras cosas, la memoria de este otro responde a un paradigma no sólo diferente sino antitético del propio anglosajón.

El autor de este libro, catedrático de historia de la Universidad de Austin en Texas, defiende la necesidad de avanzar hacia un Atlántico "pan-americano", y busca en su pasado colonial algunas de las claves que permiten entender cómo la colonización puritana de Nueva Inglaterra se realizó empleando similares modelos que los realizados por los ibéricos en el conjunto mayoritario de Iberoamérica.

En la historia de la conquista y de la colonización del continente, los anglicanos y los puritanos ingleses y los católicos ibéricos, estos y aquellos, aplicaron un universo cultural común, el de una tradición cristiana, primera, única y totalizadora. Una tradición cristiana que, si bien generó dos modelos culturales diferenciados, el anglosajón y el hispano, no por ello eliminó en el proceso de colonización del Nuevo Mundo una cosmovisión común.

Tal es la tesis principal de esta investigación y su autor ha encontrado, en la percepción demonológica de unos y otros, ese universo compartido. Para él la colonización ibérica y la anglosajona fueron entendidas como una lucha entre Cristo y Satanás. El Nuevo Mundo estaba poseído por el demonio desde los tiempos primigenios y con la presencia del conquistador y del colono se convertía en el campo de un combate sin igual.

El espacio demonológico ocupa toda la geografía del libro; es su hilo conductor, porque para el autor Satanás era y estaba entonces omnipresente en toda la sociedad cristiana. La creencia en estas ideas se extendía por todo el orbe cristiano desde, por ejemplo el católico padre Francisco de Vitoria, de la Universidad e Salamanca, que creía en la capacidad del demonio para organizar el aquelarre, hasta el terror que se apoderaba de Lutero y Calvino cuando reflexionaban sobre los poderes de Satán. Toda la moral cristiana, católica o protestante, se organizó en América en función de ese grandioso combate de Dios contra el diablo. Adoración contra adoración, espejos entre sí confrontados.

Sostiene el autor que fue Satán quien, desde el inicio de los tiempos, había cubierto el gran océano de peligros para ocultar el gran continente; luego, Satán también imaginó miles de asechanzas para dificultar el encuentro de los cristianos con los indígenas, vasallos del demonio, y fue, finalmente, también Satán quien extendió su fuerza sobre la naturaleza física de América para que estás manifestaran una fuerte evidencia hostil. Por ello conquistadores y colonos españoles, primero, y luego anglicanos y puritanos después, desarrollaron una épica satánica en su encuentro en aquel espacio nuevo. Esta es a juicio del autor la razón comprensiva de la experiencia europea en el espacio atlántico.

Quizá el excesivo énfasis de las fuentes utilizadas en pro de la satanización del Nuevo Mundo, le han hecho perder al autor de vista otras muchas fuentes que inciden en el mito de la tierra prometida y de la posibilidad de generar una nueva cristiandad a lo largo y ancho de América. Para la pastoral católica la percepción idolátrica del indio no fue un obstáculo para su inclusión en la fe cristiana. Los frailes predicadores trataron y lograron rescatar de la propia cosmovisión indígena aquellas creencias que permitieron su inserción en el ámbito cristiano, tanto desde la perspectiva teológica como desde la perspectiva del derecho natural, desarrollada por la Escuela de Salamanca. El libre albedrío también existía en el indígena y en él se reconocían igualmente los meritos de la obras.

Satán estaba en América, si; pero también allí existían las señales de una cultura donde habitaba también el reino de la verdad, una nueva cristiandad, un universo que había surgido de una voluntad creadora. América produjo cosmovisiones diversas, alternativas y múltiples. No sólo unidireccionales. Todas ellas son expresión de un substrato cristiano común que el autor debe conocer bien, a pesar de la opción realizada en su enfoque demonológico.

Cañizares-Esguerra, Jorge. Católicos y puritanos en la colonización de América, Marcial Pons y Fundación Jorge Juan, Madrid, 2008.408 páginas.